Crónica de vuelo: Buenos Aires – Roma por Alitalia

Mi primer vuelo con Alitalia tocó en una mañana complicada: la niebla había forzado a todos los aviones que debían arribar en Ezeiza a desviarse hasta Córdoba, retrasando así la salida de todos los vuelos siguientes (y, en algunos casos, cancelaciones).

Fórmula segura para el caos, uno creería, pero la verdad es que el personal de Alitalia lo manejó súper bien: nos informaron sobre la situación y nos explicaron que recién cuando su avión saliera de Córdoba hacia Buenos Aires íbamos a saber si saldríamos a horario o no.

Mientras tanto, hicieron algo que nunca había visto: los que ya estábamos ahí chequeamos nuestro equipaje pero no lo despachamos, sino que nos lo quedamos con nosotros hasta que se confirmó el horario del vuelo (solo un poco más de una hora de demora, ¡milagro!).

Cuando finalmente se abrió el check-in fuimos a dejar las valijas. No sé cuánto tiempo se habrán ahorrado realmente, pero lo cierto es que estar haciendo “algo” en vez de esperar, a mí por lo menos, me hizo bajar la ansiedad.

El personal me pareció muy amable, pero, sobre todo, muy claro con respecto a la situación. En días como estos, claridad es lo que más se necesita.

Tuve la suerte de viajar en el asiento 18A, primero de la fila. El espacio para las piernas era más que amplio, pero lo justo para que alguien petisa como yo pueda apoyar los pies en la pared. Las mesitas rebatibles y pantallas para ver películas se encuentran por debajo del apoyabrazos y entre asientos, con lo cual el apoyabrazos es fijo, no puede levantarse.

Al poco tiempo de iniciado el vuelo pasaron con un servicio de snacks: una bebida y un paquetito de galletitas saladas.

Muerta de hambre como soy, y siendo el mediodía, temí un poco que eso fuera “el almuerzo”, pero no más de media hora después pasaron, ahí sí, con el primer servicio de comida.

Elegí la carne y me salió muy bien: vino acompañada de zanahorias y estaba muy tierna. Había también una ensaladita de zanahoria, ananá (!) y jamón para acompañarla, y fruta de postre.

Los asientos (o, al menos, mi asiento) tenían enchufe “grande”, así que pude conectar la Macbook y aprovechar el vuelo diurno para ponerme al día con la edición de videos.

La selección de películas para ver no era particularmente amplia, pero estaba “Asesinato en el Expreso del Oriente” que tenía ganas de verla. No puedo confirmar ni negar que lloré con el final. No me juzguen.

Un poco después de la mitad del vuelo nos sirvieron la cena, que consistió en un poquito de fiambre y pan, y una cucharada de ensalada rusa. Una elección más de desayuno que de cena, pero no hacía tanto tiempo que habíamos almorzado, así que no me quedé con hambre.

Después de la cena me tomé un Advil PM y traté de dormir en “horario de Roma” con moderado éxito. Cuando llegó el desayuno estaba tan dormida que me olvidé de sacarle una foto, pero era medio sándwich de miga con un muffin pequeño.

La vista llegando a Roma es hermosa, y el piloto aterrizó el avión con tanta suavidad que lo hubiera abrazado.

Como anécdota les cuento que fue mi primera vez usando mi pasaporte italiano, y sentí mucha felicidad de “jugarla de local” en el aeropuerto de Roma (que, por cierto, es un verdadero centro comercial con las mejores marcas del mundo).

Para la vuelta no tuve la misma suerte con respecto a la fila (me tocó ventanilla en una fila en la mitad de la cabina), pero estaba tan cansada que me dormí antes de la cena y me desperté para el desayuno.

Espero que esta crónica de vuelo les sirva si van a hacer un viaje a Europa por Alitalia. ¡Yo quedé súper conforme como pasajera!

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