Mil horas en el aeropuerto

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Bueno, no mil horas literalmente, pero cuando te levantaste a las 3am y para las 11am seguís sin haber abordado tu vuelo, definitivamente se sienten como mil horas.

Anoche hubo una tormenta fuertísima en Buenos Aires, que se prolongó hasta la mañana de hoy, y eso causó demoras y cancelaciones en todos los vuelos de Ezeiza.

El mío de Avianca, a Bogotá vía Lima, no se canceló por suerte, pero ya lleva 4:30hs de demora y no hay perspectiva de abordar por al menos una hora más. No es culpa de ellos, obviamente, así que no hay motivos para quejarse ni insultar a nadie.

El tema de viajar en avión es ese: hay muchos imprevistos que te pueden alterar los planes.

En mi caso es realmente una pena porque mis horas en Bogotá antes de partir para Bucaramanga ya estaban contadas con cuentagotas de por sí, y ahora seguramente no pueda hacer nada de lo que tenía planificado, o lo tendré que hacer muy apurada.

En estas horas leí, trabajé, me dormí una siesta, me comí el bagel más duro del mundo y ahora estoy sentadita en el piso cerca de un enchufe para cargar la compu.

Horas de espera que no me desesperan porque si algo aprendí en los aeropuertos, es que con paciencia la pasás mil veces mejor que preocupándote permanentemente por cosas que ni vos ni nadie pueden resolver.

Y hey, al menos me sirvió de excusa para postear en el blog! 🙂

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1 comentario

  1. Santiago dice

    I feel ya.
    El último viaje en avión que hice salía a las 10:30. Salgo temprano del depto para encontrar un taxi y se larga a llover. Tormenta eléctrica, como bonus. Llego con lo justo para tener la hermosa noticia de que atrasaron el vuelo.

    Termine saliendo a las 23:10. El día más largo de mi vida. Casi que lo recuerdo como unas mini-vacaciones.

    Ah, si. La notebook muerta, WiFi inexistente, el 3G… bue, ya todos conocen como funciona el 3G 😀

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